TIENDA

Una historia preciosa: “Pulseras azules, rosas y rojas”

Pulseras azules, rosas y rojas.

Éstos son los tres colores de las pulseras que regalaban en GLUCOUP! durante el Diabetes Experience Day de Barcelona en 2018. Hací­a menos de dos meses de mi debut y estaba muy ansiosa por saber. Fue una jornada perfecta para mi, super instructiva, y como buena novata que era no quería que se me pasara nada y pasé por todos y cada uno de los stands que allí se encontraban­ (glucómetros, apps, cepillos de dientes, comida, etc.), para aprender y para pillar cosas, por supuesto.

Para cuando llegué al de GLUCOUP!, ya era la hora de cerrar y esta vez la suerte jugó a mi favor y me dieron todo lo que les quedaba, que no era poco. El lote estaba formado principalmente por pulseras y tabletas. A las tabletas, claro está, les darí­a su uso en algún momento (todavía me faltaban unos meses para aprender y poder realizar deporte), previo análisis nutricional por cierto muy loco en ese momento y hasta día de hoy. El cálculo de hidratos y la lectura cada vez más ágil de etiquetas tenían que ser mi mejor aliado para así­ poder recuperar la normalidad de mi vida, aunque luego comprendí­ que en lo que me ayudarí­an es a vivir con normalidad una vida que sentía muy diferente. Contrariamente, por lo que respecta a las pulseras, en ese momento no pensé que realmente les iba a dar ningún uso.

Después del Diabetes Experience Day, volví a casa muy muy flipada. Seguí­a bastante perdida, claro, pero es que en ese momento yo sólo saciaba mi ansiedad con altas dosis de información y lo absorbía todo a modo de esponja, así que sí­, ese dí­a volví cargada y alentada. 

Y le conté la experiencia a mi hermana gemela (artista, y todaví­a más flipada que yo). Después de compartir con ella todas las cosas que había descubierto durante el día, me pidió quedarse con una de esas pulseras, me dijo que así­ siempre se acordaría de ese dí­a y de que tení­a que aprender y ayudarme (estamos muy unidas y también lo pasó mal con mi debut, ella y mi madre se preocuparon e implicaron un montón). Yo también me animé y desde ese dí­a las dos llevamos esa pulsera.

Bueno, he de confesar que no es exactamente la misma que la del primer día. Alguna se ha perdido sin querer. Otra, se quedó en Cuba! En septiembre de ese mismo año mi hermana y yo viajamos a Cuba. Claro está, tuve que pensar muchas cosas al detalle, sabía que en Cuba no encontraría cosas con facilidad, que í­bamos a improvisar mucho y que haría mucho ¡muchí­simo! calor y que tendría que controlar muy bien la insulina que iba de un lado a otro en la mochila (así descubrí­ las neveras de insulina). Para mí­, hay un antes y un después en la vivencia de la enfermedad gracias a ese viaje. Hasta entonces estaba bastante ansiosa, frustrada, asustada, etc. y poder controlar o más bien sobreponerme a todos los obstáculos del viaje me hizo relativizar las cosas. Allí hicimos buenas amistades y un amigo quería un recuerdo mío y me pidió la pulsera y se la dí y al volver me puse otra.

Hace unos meses mi hermana se reunió con una amiga para tomar un café. En algún momento de la conversación, la amiga reparó en la pulsera que llevaba mi hermana. ¿De dónde la has sacado? ¡Esta empresa es de un amigo mío!.

Ahora Esther también lleva la pulsera. Y al contar la batallita en una cena habitual de amigas otra buena amiga me pidió una. Es la última que me queda y la tengo guardada para ella.

Quizás no es casualidad que esas pulseras fueran a parar a mí­, les estoy dando unas vueltas. O sí­ que es casualidad, a mí no me gusta acumular cosas que no tengan ningún uso y tampoco me gusta tirar (una combinación difícil). Pero el hecho es que estas curiosas pulseras están permitiendo crear historias. Por el significado que le han dado las personas que la llevan. Por la conversación que generan a su alrededor. ¿Y esta pulsera de qué es? Parece una tontería ¿no? Aparentemente la pulsera no tiene nada de especial. Si fijas la atención en ella, puedes leer #impulsatuenergia grabado en ella, pero te tienes que fijar mucho para leerlo, no es especialmente llamativa. En cambio, si me llama la atención la fuerza de la pregunta sobre el origen de una pulsera: puede llenar un vacío en una conversación, puede romper un silencio inquieto, puede surgir de un interés real, puede permitirte hablar de una persona, poner conocidos en común y abrir el hilo para una buena historia.

Y encima, puede visualizar una enfermedad. Hablar de tu Diabetes Tipo 1 no siempre apetece. Como todo, a veces apetece y a veces no. Pero la mayor parte del tiempo hablar, comunicarnos nos enseña, nos ayuda, nos relaciona, nos posiciona y nos hace crecer. 

He de reconocer que tiene algo de especial y romántico hablar de una enfermedad en la intimidad con algunas personas, sobretodo las que padecen una, la misma u otra. Suele aparecer mucha complicidad, salen a la luz cosas muy personales y se generan conexiones especiales. Pero hay que romper barreras, generar conocimiento, viralizarlo y eliminar tabúes. Las enfermedades están en el día a día de la mayoría de nosotr@s y no suelen llenar timelines ni portadas. El conocimiento es necesario, útil y de agradecer. Ahora, es brutal y precioso cuando surge de historias comunes, de personas que se toman un rato para compartir un café y de una pulsera que anda para arriba y para abajo inseparable a nuestra muñeca y cruzándose a diario con tantas personas. 

Ojo a las pulseras de cualquier color que te aguardan a la vuelta de la esquina, pueden ser un foco de información único e inigualable.

Bet

¡Compártelo!

Share on facebook
Share on twitter
Share on linkedin

Bienvenidos a GlucoUp!

Inscríbete en nuestra Newsletter y llévate un 10% de descuento en tu primera compra.

 

¿A qué esperas?